Autor: Daniel Santana
A mi entender, del coronel Made se ha abusado.
Sus enemigos —y, peor aún, enemigos de la propia Policía Nacional— han aprovechado la situación para desatar su furia.
Esta vez no solo contra el coronel Made, sino utilizando un supuesto error suyo como pretexto para despotricar contra todo el aparato policial.
Made ha sido, en este caso, la materia prima de ese ataque.
Y que quede claro: no estoy defendiendo simplemente a Made.
Es posible que deba enfrentar consecuencias, incluso bajo la mirada del Ministerio de la Mujer.
Pero una cosa es que la ley actúe, y otra muy distinta es hundir su honor en la furia del odio y el desprecio, incluso de quienes ayer fueron sus subordinados.
Lo más sorprendente ha sido ver cómo también se ha tocado la sensibilidad humana del presidente, llevándolo a emitir una sentencia pública, ante los medios de comunicación, contra un hombre que entregó su vida jugándosela para preservar el orden y la seguridad del país.
Hoy, ese mismo hombre es deshonrado, desmeritado y humillado, mientras un grupo de ingratos se aprovecha de su error —posiblemente involuntario—, propio de la tensión y el exceso de trabajo.
Son muchos los policías que son bofeteados, empujados, insultados y, en ocasiones, agredidos e incluso asesinados mientras cumplen con su deber.
Sin embargo, cuando cometen errores en sus funciones, nadie sale en su defensa.
Se les llama cuando la comunidad está en riesgo, pero al llegar, muchas veces son recibidos a pedradas; y en no pocos casos, incluso hay personas —incluyendo mujeres— que intentan arrebatarles a los detenidos de las manos.
Si Made erró, sí, erró.
Pero no debemos, por el hecho de que como humano haya fallado en su función, crucificarlo públicamente como si no existiera historia, contexto ni sacrificio detrás de su uniforme.







