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Acoso sexual y responsabilidad social: una reflexión necesaria

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Por: Daniel Santana

¿Qué significa el acoso sexual según la Ley 24-97?
¿Deben los hombres cuidarse frente a esta legislación?
Estas son interrogantes que todo hombre debería plantearse de manera constante. No solo los empleadores, supervisores o figuras de autoridad, sino también cualquier ciudadano común. En ese sentido, todos estamos llamados a cuidar nuestra conducta, sustentándola en el respeto hacia la mujer y, a la vez, en el cumplimiento de la ley.

Ahora bien, vivimos en una sociedad que, en lugar de fortalecerse en valores, parece mostrar señales de descomposición moral. Esta realidad contrasta con la firmeza ética de generaciones pasadas que, aun sin formación académica, supieron cultivar el respeto como norma de vida.

Por otra parte, en la República Dominicana existen leyes que regulan la convivencia social en múltiples ámbitos: desde la relación entre vecinos hasta la protección de la niñez y la adolescencia. En ese mismo orden, la Ley 24-97 surge como un instrumento para proteger a la mujer frente a la violencia y el abuso.

Es cierto que muchos consideran esta ley severa; incluso, algunas mujeres han expresado reservas al respecto. Sin embargo, más allá de esas percepciones, lo esencial es comprender su propósito: establecer límites claros frente a conductas que atentan contra la dignidad humana.

En consecuencia, resulta evidente que aún persisten rezagos culturales en algunos hombres que no terminan de comprender que la mujer es un ser libre, con derechos propios. Es decir, ya no puede ser vista como una extensión del hombre ni como objeto de posesión. Aunque esta realidad pueda incomodar a ciertos sectores, debe asumirse con madurez. Al fin y al cabo, amar también es respetar la libertad del otro.

En lo personal, expreso mi consideración hacia mi amigo Rafael Santo Badía, profesor, sindicalista y activista social, de quien dudo profundamente que haya incurrido en violaciones a esta ley. Lo conozco como un hombre íntegro, ético y comprometido con la sociedad. De hecho, compartimos espacios de lucha en el Foro Ciudadano y en el Foro para la Participación Municipal, junto al padre Jorge Cela, y nunca observé en él conductas contrarias a esos valores.

Por consiguiente, confío en que el Ministerio Público actuará con responsabilidad, investigando con objetividad, a fin de evitar que se lesione injustamente la reputación de cualquier persona.
En cuanto a otros casos, prefiero guardar silencio. Y lo hago porque conozco tanto el comportamiento de muchos de esos actores como el mío propio: el de un hombre firme, de carácter, formado en la cultura de lucha de Higüey. Un “peleón”, sí, pero con principios, honor y sentido de justicia.

Finalmente, concluyo con una reflexión: los hombres debemos asumir estos tiempos con prudencia, respeto y conciencia. Entender que amar no es poseer, sino reconocer la libertad del otro.

Ayudémoslas a elevarse y a volar, con la conciencia de que amar también es aceptar que, en ocasiones, el amor termina y se va.