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INTROMISIONES DISFRAZADAS DE LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO

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“Los pueblos libres no aceptan consejos de quienes han hecho de la opresión su bandera.”

La República Dominicana vive un momento histórico en el que las decisiones del Estado, especialmente las relacionadas con la seguridad nacional, son observadas con lupa por actores internacionales. Y es aquí donde debemos ser claros: no todo el que critica lo hace desde la buena fe, ni todo el que señala lo hace en nombre del interés colectivo.

Desde hace meses, hemos visto cómo sectores abiertamente comunistas y prorrusos se han lanzado en una campaña sistemática contra el presidente Luis Abinader Corona. No son voces democráticas, ni son movimientos sociales constructivos; son grupos que nunca han aportado nada a este país, pero que ahora pretenden darnos clases de moral política.

La lucha contra el narcotráfico es un tema de alta sensibilidad nacional. Es un desafío que exige cooperación internacional, inteligencia, tecnología y aliados firmes. Sin embargo, quienes atacan al presidente lo hacen queriendo insinuar que esta cooperación es una forma de intromisión extranjera. Como dice el refrán: una cosa es con guitarra y otra con violín. Lo que realmente buscan es manipular la narrativa.

Pero el ataque más insolente provino del personaje menos indicado para hablar de democracia y derechos humanos: Diosdado Cabello, verdugo del pueblo venezolano. Un hombre denunciado internacionalmente por violaciones sistemáticas a las libertades, por persecuciones políticas y por destruir la institucionalidad de su país. Ese caballero no tiene calidad moral para opinar sobre la República Dominicana.

Resulta absurdo que un dirigente que ha convertido a Venezuela en un laboratorio de represión, pobreza y censura pretenda ahora criticar decisiones soberanas de un gobierno democrático como el nuestro. Su “preocupación” no es genuina: es una estrategia para proyectar su ideología totalitaria sobre otras naciones de la región.

Diosdado Cabello no defiende la libertad de ningún pueblo; defiende el control absoluto, el silencio impuesto y la sumisión al poder. Su intención velada es empujar a la República Dominicana hacia los brazos de la influencia rusa, tal como ha hecho con su propio país, destruyendo todo vestigio de democracia en el proceso.

Los dominicanos, en cambio, hemos sido siempre un pueblo amante de la paz. Creemos en las instituciones, en la libertad de expresión, en el voto popular y en la soberanía nacional. Jamás hemos tolerado dictaduras extranjeras ni experimentos autoritarios importados.

Por eso resulta tan ofensiva la pretensión de estos actores externos de querer presionar, manipular o sembrar inestabilidad en nuestra política interna. La República Dominicana no es escenario ni herramienta para agendas ajenas. Es un país con identidad propia, con dignidad y con una voluntad democrática sólida.

El presidente Luis Rodolfo Abinader Corona fue elegido por el voto libre del pueblo dominicano, y no por imposición ni por intereses geopolíticos oscuros. Sus decisiones en materia de seguridad y cooperación internacional responden exclusivamente a la defensa del bienestar nacional y regional.

La cooperación con los Estados Unidos y otros aliados estratégicos en la lucha contra el narcotráfico no representa una amenaza a la soberanía; por el contrario, fortalece nuestra capacidad de proteger a nuestras comunidades, nuestras fronteras y nuestro futuro. Solo quienes tienen agendas contrarias al orden democrático pueden tergiversar esta realidad.

Lo que sí constituye una verdadera intromisión es que personajes autoritarios, criminales políticos y voceros del comunismo internacional quieran dictar cómo debemos manejar nuestras políticas públicas. Eso sí es un peligro. Eso sí es una intención de control. Eso sí es una amenaza real contra la democracia.

Y ante eso, los dominicanos debemos mantenernos firmes, unidos y conscientes. No permitiremos que discursos importados contaminen nuestra visión de país. La República Dominicana seguirá siendo tierra de democracia, de libertades y de soberanía. Y frente a cualquier ataque infundado, siempre responderemos con la verdad, la dignidad y la fuerza de nuestra convicción nacional.

Daniel Santana