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Melisa, los ha destruido todos

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Por: Daniel Santana
Director – danielsantanard.com

El huracán Melisa dejó un rastro de muerte, destrucción y desconsuelo en todo el Caribe. Haití, República Dominicana, Cuba y Jamaica lloran bajo el mismo cielo.

Melisa los ha destruido a todos.
Su furia no conoció fronteras ni compasión. Avanzó con paso lento, pero con la fuerza implacable de un monstruo nacido del mar, sembrando muerte, destrucción y lágrimas a su paso. El Caribe, una vez más, ha sido puesto de rodillas ante la fuerza indomable de la naturaleza.

El primer golpe fue contra Haití, la nación más pobre de América y el Caribe, que comparte con la República Dominicana la isla La Hispaniola. Allí, Melisa se llevó veinte vidas humanas y dejó otras veinte personas hospitalizadas. Un país ya herido, volvió a sangrar bajo los azotes del viento.

Haití no necesitaba otro castigo. Vive bajo la sombra del hambre, la falta de salud, la miseria y el terror de bandas criminales que dominan sus calles. Pero la naturaleza, en su furor, no tuvo piedad de los pobres ni de los inocentes.

Desde esta casa editorial, danielsantanard.com, nos unimos al dolor del pueblo haitiano. Expresamos nuestra solidaridad con cada familia que llora a sus muertos, con cada madre que busca a su hijo entre los escombros, con cada padre que ve desvanecerse su esperanza entre el lodo y el silencio.

Melisa no se detuvo en Haití. Cruzó el canal y, con el ruedo de su falda furiosa, golpeó con fuerza el sur y suroeste de la República Dominicana. Sus vientos huracanados arrasaron campos, destruyeron platanales, guineales, yucales, arrozales y afectaron la ganadería. La tierra, que ayer dio alimento, hoy yace destruida.

Hoy, el campesino dominicano mira con tristeza sus tierras anegadas. El esfuerzo de meses, perdido en cuestión de horas. Las pérdidas agrícolas podrían traducirse pronto en la escasez de alimentos y en el aumento de los precios que golpean la mesa del pueblo.

El viento no solo arrasó sembradíos, sino también esperanzas.

Cuba tampoco escapó del desastre. La isla fue sacudida con furia, sus calles inundadas, sus viviendas destruidas. Los hermanos cubanos, con las manos sobre la cabeza, clamaron a Dios y al mundo por auxilio. Las lágrimas corrieron junto a las aguas del mar. El Caribe, unido en la desgracia, clama por alivio.

Y Jamaica… oh, Jamaica. Hermosa, vibrante, musical y colorida. Hoy es un paisaje de dolor. Melisa la golpeó sin piedad, destruyendo viviendas, arrancando árboles de raíz, dejando sin techo ni comida a miles de familias. La naturaleza mostró su rostro más cruel, y el alma del Caribe se estremeció.

No hay palabras humanas para describir la magnitud del daño. El Caribe entero llora bajo el mismo cielo. Melisa, con sus vientos asesinos, nos recordó lo frágiles que somos frente a la furia del océano, frente a la fuerza invisible que despierta cuando la tierra gime. Somos testigos de nuestra vulnerabilidad.

Pero en medio del dolor, nace la esperanza. Hoy, más que nunca, debemos levantar la voz por nuestros hermanos del Caribe. Ayudemos a Jamaica. Solidaridad con Haití, con Cuba, con la República Dominicana. Que la unión, la fe y la acción solidaria sean nuestra respuesta ante el desastre.

Melisa, hoy degradada a categoría 3, finalmente se debilita y muere. Pero su paso quedará grabado en la memoria del Caribe como una herida abierta. Se va, pero deja tras de sí el eco de la destrucción, y el llamado urgente a cuidar nuestra tierra, nuestra gente y nuestra casa común.
La naturaleza nos habló. Ojalá, esta vez, la escuchemos.

Editorial de Daniel Santana
danielsantanard.com – Opinión y voz del Caribe

danielpuerie@gmail.com