Por Daniel Santana.
El Director.
danielsantana.com 18/07/2025. Es un hecho que algunos predicadores de hoy en día fundamentan su mensaje en un fundamentalismo extremo, lo que los lleva a comportarse de manera violenta y agresiva, similar al chantaje, cuando alguien les exige respeto en su espacio. Les piden que no griten, que no levanten la voz, que no escupan en la cara de los demás.
El evangelio que predican es confuso y distinto al que predicaron los evangelistas como Felipe, Pablo, Timoteo y otros hombres de Dios. Estos hombres eran esperados con ansias por las personas que deseaban escucharlos y aprender de ellos, y muchos se convirtieron al evangelio gracias a su predicación.
En contraste, los predicadores de hoy en día suelen ser temidos por las personas, no porque reflejen santidad, sino porque son necios, bullosos, molestos y un poco abusadores de la paz de sus prójimos. Un ejemplo claro de esto es lo que sucede en las filas para entrar al metro de Santo Domingo. Cuando logran entrar a los vagones, ya están sordos por el ruido, y dentro de los vagones, los predicadores indisciplinados e irrespetuosos predican a todo pulmón, interrumpiendo a los estudiantes que intentan leer y memorizar sus tareas estudiantiles.
Estos predicadores también desorientan e interrumpen la paz de quienes van al trabajo, organizando con la mente su labor a cumplir. Las autoridades que cuidan el orden, el respeto y la seguridad del metro están en la obligación de exigirles orden y respeto a los predicadores irrespetuosos y callejeros.
En resumen, es hora de que los predicadores modernos reflexionen sobre su enfoque y método. El evangelio de Jesucristo es un mensaje de amor y salvación, no de ruido y disturbio. Es importante que prediquen con respeto y amor, como lo hicieron los evangelistas del Nuevo Testamento, en lugar de ser una fuente de molestia y desorden en la sociedad.
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