Por Daniel Santana
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) está siendo corroído por dentro. No es el Estado, ni los empresarios, ni la censura lo que más daño le hace: son sus propias raíces podridas, sus malas costumbres institucionales y su complicidad con el desorden.
Como dice el refrán popular: “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”. Y el CDP nació mal, se formó abriendo las puertas a quienes no tenían formación universitaria, a quienes jamás pisaron una escuela de Comunicación, pero que se hacían llamar “periodistas” por costumbre, por oportunismo o por relaciones.
Hoy, cada vez que hay elecciones en el CDP, vuelve la misma discusión: los que estudiaron Comunicación Social, con título en mano, versus los que no. Lo curioso es que quienes permiten que los no graduados participen y decidan, es el mismo CDP. ¿Por qué? Por compromiso político, por presión, por conveniencia… pero nunca por justicia.
Este irrespeto hacia quienes sí se formaron, es una falta grave. Es una violación a la ley que rige la colegiación profesional. Es, además, un golpe bajo a la dignidad del periodista que pasó años en las aulas, pagó matrícula, hizo pasantías y hoy se le trata igual (o peor) que a quien se enganchó al oficio sin formación alguna.
Claro, hay excepciones brillantes: Don Rafael Herrera (Listín Diario), Don Radhamés Gómez Pepín (El Nacional), y otros grandes directores que sin título, hicieron historia. Pero esos son casos extraordinarios, no la regla. No se puede institucionalizar el relajo usando a los grandes como excusa para justificar la mediocridad.
El SNTP también está podrido. Secuestrado por carniceros, malandrines y vividores del sistema que nunca han escrito ni una cuartilla, pero que se escudan bajo la protección del mismo CDP para ocupar cargos, cobrar dietas y fingir representar a la prensa.
La incoherencia es brutal: alaban a unos no graduados y desprecian a otros. Premian al que conviene, y rechazan al que no se alinea. ¿Dónde está la lógica? ¿Dónde está el respeto a la carrera? ¿Dónde quedó la ética?
Las elecciones que se acercan en el CDP y el SNTP prometen tensión, escándalos y, posiblemente, una división profunda.
Lo que está en juego no es solo una directiva, sino la credibilidad de dos instituciones que hoy hacen agua por todas partes.
Y mientras tanto…
Que Dios nos coja confesado.







