Con las investigaciones que hoy salen a la luz —por fuerza social, por presión mediática y quizás también por vergüenza institucional— la Procuraduría General de la República (PGR) ha comenzado a desarropar pudredumbres profundas dentro del sistema nacional de salud.
Y yo hablo desde mi propia experiencia. No repito cuentos ajenos. Tengo más de dos décadas como afiliado de SENASA y conozco, de primera mano, cómo funcionaba antes y cómo funciona ahora.
Cuando fui incluido en el régimen de SENASA mientras trabajaba en una institución del Estado, este seguro era la joya de la corona.
El más confiable. El más completo. El que todos querían.
Tenía amplias coberturas de medicamentos, clínicas privadas disponibles, especialistas accesibles, y un trato humano que hoy parece un recuerdo lejano.
Pero en los últimos años todo ha ido en picada.
No fue un golpe repentino: fue un deterioro gradual, como una gotera que primero molesta, luego humedece y al final pudre toda la madera.
Las coberturas disminuyeron, especialmente en medicamentos esenciales.
Las clínicas privadas comenzaron a cerrar sus puertas a los afiliados.
Los especialistas ya no aceptan el seguro, y cuando lo hacen, las citas son para meses después.
Yo, hoy pensionado, pertenezco al régimen de Seguro para Pensionados y Jubilados. Y si usted encuesta a 10 de nosotros, ocho le dirán lo mismo: “Ese seguro no sirve para nada”.
¿La razón?
Porque no cubre los centros donde están los médicos que verdaderamente salvan vidas:
neurólogos
cardiólogos
otorrinos
especialistas en visión
urólogos
oncólogos
Centros claves como CEDIMAT, INCART, Clínica Abreu, Centro Médico Moderno, entre otros, no aceptan este régimen. Y nadie da explicación clara.
Ahora, voy con un dato contundente:
Según cifras públicas, más de 300 mil dominicanos están en edad de jubilación, pero la mayoría tiene seguros con coberturas limitadas o degradadas, una situación que afecta directamente la calidad de vida en la etapa donde más se necesita apoyo.
Y otro hecho que duele:
Un pensionado promedio recibe entre RD$10,000 y RD$18,000 pesos mensuales, mientras los medicamentos de uso continuo pueden costar RD$5,000 a RD$12,000 al mes.
Las cuentas no dan. La vida no alcanza. El sistema no responde.
Voy a mi testimonio directo:
En el área de Asistencia Social para medicamentos de alto costo —una oficina que pocos saben dónde queda, no sé si por estrategia o por misterio— solicité una ayuda para cuatro inyecciones necesarias para salvar mi visión.
Subí, bajé, esperé, entregué papeles, pedí, volví… y no conseguí nada.
Me di cuenta de algo duro: no es que no haya ayuda, es que la ponen tan lejos que la mayoría se rinde en el camino.
Por eso digo sin miedo:
A los pensionados y jubilados de la República Dominicana, SENASA nos está dejando morir antes de tiempo.
Nos mata el abandono antes que Dios decida llamarnos.
Un país que no cuida a quienes le entregaron su juventud, su fuerza y sus mejores años, es un país que pierde su valor, no es bueno terminar sin antes hacer un-
Llamado directo a las autoridades responsables porque este
Este testimonio y esta denuncia pública van dirigidos, de manera clara y respetuosa, pero firme, a las instituciones que tienen en sus manos la salud, la dignidad y la protección de miles de pensionados y jubilados dominicanos:
* Presidencia de la República Dominicana
* Ministerio de la Presidencia
* Ministerio de Salud Pública (MSP)
* Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL)
* Consejo Nacional de la Seguridad Social (CNSS)
* Servicio Nacional de Salud (SNS)
* Dirección de SENASA
* Procuraduría General de la República (PGR) —por ser la entidad que hoy desarropa las pudredumbres del sistema.
* Dirección General de Jubilaciones y Pensiones (DGJP)
* Contraloría General de la República
* Cámara de Cuentas de la República Dominicana
A todas estas instituciones les decimos, desde la voz de los que han trabajado décadas para este país:
Los pensionados y jubilados no somos estorbos.
Somos seres humanos que merecemos vivir los últimos años con dignidad, salud y respeto.
No pedimos privilegios. Pedimos justicia.







