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Las mentiras tienen precio. El periodista no es juez ni verdugo

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1 de mayo de 2026
Daniel Santana
El Comunitario de la Comunidad.
Mi Opinión.

Las mentiras tienen precio: el periodista no es juez ni verdugo*

El comunicador, el periodista, no nace con un micrófono para ser juez, verdugo y francotirador de honras ajenas. La libertad de prensa no es un cheque en blanco para someter a figuras públicas o privadas a cuestionamientos caprichosos, ni para usar la tinta y la cámara como armas personales.

Informar no es lo mismo que difamar.*
Preguntar con rigor no es lo mismo que acusar sin pruebas.
Fiscalizar al poder no es lo mismo que pretender someterlo al antojo del ego o del rating.

El periodista está hecho para buscar la verdad, contrastarla, verificarla y servirla al público. Está hecho para incomodar con datos, no para destruir con chismes. Para exigir cuentas con documentos en la mano, no con rumores en la lengua.

Porque cuando se cruza esa línea, la mentira tiene precio. Y se paga.

Se paga con la ley*: La Ley 6132 de Expresión y Difusión del Pensamiento en RD es clara. La difamación y la injuria son delitos. El Código Penal también. El “yo solo dije” no te salva cuando dañaste una reputación con dolo.

Se paga con la credibilidad*: Un medio que miente una vez, obliga al lector a dudar mil veces. Y sin credibilidad, el periodista es solo un megáfono vacío.

Se paga con vidas*: Una calumnia puede cerrar empresas, romper familias, empujar a alguien al abismo. El daño moral no se borra con una fe de errata en la página 14.

La figura pública debe rendir cuentas. La figura privada tiene derecho a su honor. Ninguna de las dos merece ser carne de cañón de titulares malintencionados. El cuestionamiento es legítimo cuando nace del interés público y se sostiene en evidencia. Es ilegítimo cuando nace del capricho, la venganza o el “a mí me dijeron”.

El buen periodismo no necesita gritar para ser fuerte. Necesita investigar para ser justo.

El periodista ni el comunicador puede ser lambón, atrapachele, pero tampoco puede pretender caerle bien a todo el mundo. Su obligación es ser objetivo, aunque cueste y aunque duela, que los beneficios vienen solos por eso. Como dice el refrán del refranero popular: en la viña del Señor también hay cizañas.

No se puede ser periodista ni comunicador social dañando honras ni tampoco difamando.*

Que quede claro: la pluma es poderosa, pero no impune. La cámara enfoca, pero también deja huellas. Y cada palabra publicada es una obligación firmada con tu nombre.

Las mentiras tienen precio. La difamación también. Y la factura siempre llega. danielpueie@ gmail.com