Por: Daniel Santana
Periódico: danielsantanard.com
Fecha: 5 de febrero de 2026.
La aceptación de un presidente no siempre es el resultado natural de una gestión eficaz y plenamente funcional.
En muchos casos —y la República Dominicana no es la excepción— la popularidad se construye sobre percepciones cuidadosamente alimentadas, sobre narrativas políticas bien diseñadas y sobre símbolos que aparentan avance, aunque la realidad cotidiana cuente otra historia.
Bajo la administración del presidente Luis Rodolfo Abinader Corona, hemos sido testigos de una estrategia comunicacional basada en la exhibición de obras y anuncios, muchas veces antes de que estas realmente funcionen o generen impacto real.
Esta tendencia no solo distorsiona la percepción pública de lo que se ha logrado, sino que también postula un modelo de gobernar más enfocado en la “imagen” que en la eficiencia tangible para la ciudadanía.
Inauguraciones sin resultados
La política del “corte de cinta” se ha convertido en un símbolo recurrente de este gobierno.
A diario vemos grandes inauguraciones de hospitales, edificios públicos o proyectos emblemáticos. Sin embargo, detrás de esos actos de autopromoción muchas obras simplemente no están operativas o funcionan de forma parcial y deficiente.
Un ejemplo contundente es el Hospital de los Trabajadores de la Construcción, en San Luis, Santo Domingo Este.
Inaugurado hace casi dos años, este centro hospitalario —financiado con recursos multimillonarios provenientes de los propios trabajadores a través del FOPETCON— aún no funciona en su totalidad.
No existen explicaciones claras sobre el monto real invertido, ni sobre las razones de las demoras interminables.
Mientras tanto, quienes más lo necesitan siguen relegados a la espera.
De igual forma, la Ciudad del Sistema de Justicia de Sabana Larga, también en Santo Domingo Este, fue inaugurada sin que su operatividad haya seguido el mismo ritmo que su anuncio.
Años después, apenas empieza a funcionar de forma limitada, en un proceso lento, burocrático y poco transparente.
Estas deficiencias no son asuntos menores; son fallas estructurales que tienen efectos directos en la calidad de vida de la población.
La percepción versus la realidad
Sin embargo, y paradójicamente, estas deficiencias no han minado de forma significativa el nivel de aprobación del presidente. ¿Por qué ocurre esto?
La respuesta está en un manejo estratégico de la comunicación política y en una conexión emocional con amplios sectores sociales. El presidente Abinader ha logrado posicionarse como un líder cercano, sensible a los problemas de los más vulnerables, y dispuesto a consolidar una imagen de lucha contra la corrupción.
En este sentido, hay aspectos que no pueden soslayarse:
Pensiones solidarias: Este gobierno ha ampliado de manera histórica la entrega de pensiones a personas en vulnerabilidad, lo cual ha tenido un impacto positivo en miles de familias.
Entrega de títulos de propiedad: La titulación masiva ha dado seguridad jurídica a ciudadanos que por décadas vivieron en la incertidumbre.
Independencia judicial: Abinader ha permitido que las autoridades judiciales actúen con mayor autonomía, enfrentando casos de corrupción sin temor a represalias políticas.
Estos elementos han fortalecido la imagen presidencial, generando una sensación de justicia, empatía social y transparencia, aunque la eficiencia en obras públicas e infraestructura muchas veces siga siendo cuestionable.
El dato que preocupa a la oposición
A pesar de las limitaciones en obras concretas, las encuestas más recientes muestran que la aprobación del presidente se mantiene en niveles altos.
Diversos estudios ubicaban su aceptación entre el 58 % y el 65 %, cifras que no son habituales en países con desafíos sociales y estructurales como el nuestro.
Este fenómeno evidencia que la percepción pública sobre un gobernante puede, en ciertos contextos, pesar más que los resultados concretos —especialmente cuando existe una narrativa sólida que conecta con las aspiraciones de la ciudadanía.
Conclusión: más allá de la imagen, la exigencia de resultados
La aceptación del presidente Luis Rodolfo Abinader Corona no debe ser una excusa para evitar la crítica y el análisis profundo.
Si bien es innegable que existen políticas sociales con impacto positivo, también es evidente que la práctica de inaugurar proyectos sin operatividad inmediata constituye un déficit de gobernanza.
Una verdadera gestión de resultados debe traducirse en servicios que funcionen, en obras que transformen la vida de la gente y en transparencia real sobre inversiones y plazos.
La República Dominicana no puede conformarse con meras inauguraciones.
Exige resultados tangibles, funciones operativas y obras que no solo brillen en los titulares, sino que resuelvan problemas reales.
Eso es lo que la ciudadanía merece, y eso es lo que debe exigirse a cualquier gobierno, sin excepción.







