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EL UNIVERSO OSCURO DEL SUBCONTRATADO EN LA NÓMINA PÚBLICA

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Daniel Santana.
Comunicador.

5. El subcontratado: el gasto fantasma que nadie controla

Si hay un punto donde el lector debe detenerse, abrir los ojos y llevarse la impresión más contundente, es aquí: el fenómeno del empleado subcontratado, un mecanismo que se ha convertido en la zona más opaca, desordenada y peligrosa del gasto público.

Mientras la nómina oficial se exhibe, se discute y se audita, la nómina subcontratada vive en las sombras, respirando millones de pesos del presupuesto sin una explicación clara ni un registro único confiable.

No es exageración:
Es el hoyo invisible por donde se escapan recursos que deberían ir a hospitales, programas para envejecientes, atención mental, educación y seguridad ciudadana.

5.1 ¿Qué es un subcontratado? Un empleado sin rostro presupuestario

El subcontratado —también llamado “temporal”, “personal por contrato”, “nombramiento excepcional”, “proveedor de servicios personales”— es un trabajador pagado con fondos del Estado pero que no aparece en la nómina pública oficial.

No está en el registro definitivo de DIGEPRES.
No está en el organigrama formal.
No figura como empleado fijo.
Y en la mayoría de las instituciones, ni siquiera aparece su función detallada.

Es decir:
Cobra del Estado, pero no pertenece al Estado.

5.2 ¿Cuántos son? Nadie lo sabe con exactitud (y eso es lo más grave)

Este es el punto donde el lector debe comprender la magnitud del problema:

La República Dominicana no tiene un censo unificado de empleados subcontratados.

No existe un registro público que indique cuántos son, dónde están, qué hacen ni cuánto cuestan.

Cada institución maneja sus propias “nóminas paralelas”.

Los expertos y exfuncionarios consultados coinciden en que podría tratarse de decenas de miles de personas.

Es una masa salarial que fluye todos los meses, silenciosamente, sin control ciudadano, sin transparencia y sin evaluación real de desempeño.

5.3 Por qué el subcontratado es el alma del derroche

Si el empleado fijo es caro, el subcontratado es dos veces más caro:

1. No está regulado por los topes salariales del MAP.

2. Puede cobrar por honorarios montos más altos que un empleado formal.

3. En muchos casos no cumple horario ni tiene funciones claras.

4. Su contratación responde más a compromisos políticos que a necesidades institucionales.

Aquí está la clave:

Mientras el país necesita psiquiatras, psicólogos comunitarios, enfermeras, agentes preventivos y equipos en hospitales, el Estado gasta millones en personal que no construye, no produce, no rinde cuentas y no deja huellas en la eficiencia pública.

5.4 El subcontratado como herramienta política

Muchos analistas han advertido que el subcontratado cumple un papel específico:

Es más fácil de contratar.

Es más fácil de despedir.

Es más útil para compromisos electorales.

No aparece en la nómina oficial, por lo tanto no aumenta el número visible de empleados públicos, pero sí engorda el gasto real.

Es una fórmula perfecta para inflar el Estado sin que el ciudadano lo note.

5.5 El impacto social del desorden

Aquí es donde el lector debe sentir el golpe más fuerte:

Cada peso gastado en un subcontratado innecesario es un peso que falta en:

La compra de medicamentos esenciales.

La ampliación de camas hospitalarias.

El cuidado de envejecientes abandonados.

Programas de salud mental comunitaria.

Seguridad preventiva.

Educación técnica.

Servicios municipales esenciales.

El costo social es inmenso:
El derroche en subcontratados debilita las bases mismas del bienestar ciudadano.

5.6 El Estado reconoce la oscuridad: “Vamos a auditar la nómina física”

La frase clave del gobierno es esta:
“Auditoría de nómina física.”

Esto significa que ni el propio Estado tiene certeza absoluta de:

Quién cobra.

Dónde trabaja.

Si realmente trabaja.

Qué función cumple.

Si su contratación era necesaria.

Si está duplicado en otra institución.

El simple anuncio de esa auditoría confirma la gravedad del problema.

5.7 La gran pregunta para el lector

Luego de ver todo esto, el lector debe quedarse con una duda inevitable:

¿Cómo es posible que en un país donde faltan médicos, ambulancias, policías, psicólogos, programas para envejecientes y centros de salud mental, el presupuesto se esté gastando en personal invisible, sin control y sin función clara?

5.8 La herida moral del presupuesto

El subcontratado innecesario no solo es un gasto financiero.
Es un gasto moral.
Porque cada contrato superfluo significa:

Un abuelo sin medicinas.

Un niño sin psicólogo escolar.

Un enfermo mental sin atención.

Una mujer vulnerable sin protección.

Un barrio sin seguridad.

Un municipio sin recursos para limpiar, iluminar o reparar sus calles.

Es el tipo de despilfarro que no solo empobrece al Estado, sino que hace más pobre la vida de los ciudadanos.