Inicio Opinión La mezquindad del político sistémico dominicano: negar el progreso como estrategia de...

La mezquindad del político sistémico dominicano: negar el progreso como estrategia de poder

226
0

Por Daniel Santana
República Dominicana | 18 de febrero de 2026

La República Dominicana ha experimentado en los últimos años una transformación visible en infraestructura, servicios públicos y políticas sociales.

Negar esta realidad no es un acto de pensamiento crítico ni de oposición responsable; es, en muchos casos, una expresión clara de la mezquindad que caracteriza al político sistémico dominicano, atrapado en la negación permanente como método de supervivencia.

Reconocer avances no convierte a nadie en oficialista ni en militante del partido gobernante.

Sin embargo, en el ecosistema político nacional, admitir hechos comprobables suele interpretarse como traición ideológica.

Esta lógica empobrece el debate público y coloca la narrativa partidaria por encima de la verdad.
El progreso como pecado político.

Para el político tradicional, aceptar que el país ha avanzado equivale a perder control del discurso.

Por eso, todo logro debe ser relativizado, minimizado o simplemente negado.

No importa la evidencia ni el impacto social; lo importante es sostener la confrontación, aun cuando esta se construya sobre falsedades.

Esta actitud no nace de una preocupación genuina por el pueblo, sino del miedo a que el progreso debilite el discurso del desastre permanente que muchos han utilizado como capital político.

La Policía Nacional: de aparato represivo a institución en transición.

Uno de los ejemplos más claros de cambio institucional es la Policía Nacional Dominicana.

Durante décadas, fue percibida —con razón— como una estructura de represión y abuso. Denunciar un delito implicaba exponerse a chantajes, represalias o incluso a terminar criminalizado.

Desde el inicio del proceso de reforma policial, impulsado a partir de 2021, se han producido cambios estructurales: profesionalización del personal, mejoras salariales, formación en derechos humanos, protocolos de uso de la fuerza y un enfoque más comunitario.

Hoy existe una Policía distinta, aún imperfecta, pero más cercana y consciente de su rol social. Negarlo es faltar a la verdad.

El reto ahora es consolidar estos avances, darles continuidad y evitar retrocesos, algo que solo se logra con vigilancia ciudadana y responsabilidad institucional.
Infraestructura y desarrollo: hechos que incomodan
En términos de desarrollo económico y estructural, el país se ha posicionado entre las economías más dinámicas del Caribe y Centroamérica.

El crecimiento sostenido, la inversión en transporte masivo, la modernización de puertos y aeropuertos, así como el fortalecimiento del sector turístico, son datos respaldados por organismos nacionales e internacionales.

Decirlo en voz alta tiene consecuencias. Quien lo hace es rápidamente etiquetado: “oficialista”, “vendido”, “perremeísta”.

No se discute el dato; se ataca al mensajero. Esa es la pobreza del debate político dominicano.

Santiago y el transporte: cuando la realidad se impone
El caso de Santiago de los Caballeros es emblemático.

En pocos años, la ciudad ha experimentado una transformación urbana notable: teleférico en funcionamiento, monorriel en desarrollo, reordenamiento vial y una visión de ciudad moderna y organizada.

Santiago hoy compite como polo urbano regional, y negarlo solo responde a intereses políticos.
Lo mismo ocurre con la extensión de la Línea 2 del Metro hasta Los Alcarrizos, una obra de alto impacto social que ha mejorado de forma directa la movilidad, el tiempo y la dignidad de miles de ciudadanos históricamente marginados del transporte eficiente.

Agricultura: seguridad alimentaria que no se quiere reconocer.

En materia de agricultura, el país ha sostenido un crecimiento estratégico orientado a la seguridad alimentaria.

La inversión pública en apoyo al productor nacional ha permitido fortalecer rubros esenciales como arroz, plátano, pollo y huevos, reduciendo la dependencia de importaciones.

Programas de preparación de tierras, financiamiento a pequeños y medianos agricultores, distribución de semillas certificadas y asistencia técnica han tenido un impacto directo en la producción nacional.

Estos avances no eliminan los problemas estructurales del campo dominicano, pero sí evidencian una política de apoyo sostenido.

Negarlos por conveniencia política es desconocer el papel del sector agrícola en la estabilidad económica y social del país.

Gasto social: contención en un país desigual
En cuanto al gasto social, el Estado dominicano ha ampliado su cobertura hacia los sectores más vulnerables, destinando una mayor proporción del presupuesto a salud, educación y protección social.

La expansión de subsidios focalizados, la inversión en hospitales públicos y el fortalecimiento de la educación técnica han beneficiado a millones de familias.

No se trata de asistencialismo vacío, sino de contención social en un país marcado por profundas desigualdades históricas.

Minimizar este esfuerzo únicamente por su origen político es otra forma de mezquindad que desvirtúa el análisis serio.

La mezquindad como enfermedad del sistema político
La crítica es necesaria y saludable.

Lo que resulta dañino es la negación sistemática de todo avance, la incapacidad de reconocer lo bueno y la preferencia por el caos discursivo antes que por la verdad comprobable.

La mezquindad del político sistémico dominicano se manifiesta cuando:
Niega avances evidentes.
Reduce logros colectivos a propaganda.

Convierte el progreso en sospecha.

Sustituye el análisis por el resentimiento.

Mientras esa mentalidad persista, el país seguirá avanzando a pesar de muchos de sus políticos, no gracias a ellos.

Reconocer no es rendirse
Reconocer avances no es claudicar; es actuar con responsabilidad histórica.

El verdadero liderazgo se mide por la capacidad de decir la verdad, incluso cuando incomoda a los propios.

La República Dominicana merece un debate político adulto, honesto y basado en hechos. Todo lo demás es ruido… y mezquindad.