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Progreso vs. Protección: ¿Y si el verdadero problema es el diseño urbano?

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Por Daniel Santana | danielsantanard.com

La República Dominicana crece, y crece rápido. Aumenta su población, se multiplican los vehículos, se expanden los proyectos inmobiliarios… pero todo ese crecimiento ocurre sobre una ciudad que no fue diseñada para resistirlo. Hoy vivimos en un territorio con estructuras viales viejas, estrechas y muchas veces mal planificadas. Y el precio de no haber hecho las cosas bien antes, lo estamos pagando ahora.

El tránsito: síntoma de un modelo urbano agotado

Santo Domingo es, probablemente, la única ciudad donde un tapón no tiene hora. Porque da igual si es lunes a las 8:00 a.m. o sábado a las 3:00 p.m., el sistema vial no da abasto. Seamos sinceros: no hay calle que aguante esta cantidad de carros, motores, guaguas y rutas improvisadas.

No es culpa de la gente. Es el reflejo de un crecimiento urbano desorganizado y sin planificación a largo plazo.

El dilema: ¿Proteger o avanzar?

Ahora, el gobierno plantea ampliar la red vial con obras urgentes como la construcción de un túnel entre las avenidas Winston Churchill y Luperón, lo que implica afectar parte del Parque Nacional Mirador del Sur. Ya antes se tocó el Centro Olímpico para darle paso al Metro. ¿Qué sigue?

Esto ha generado una respuesta comprensible de sectores ambientalistas y ciudadanos preocupados. Defender nuestros espacios verdes es vital. Pero también lo es entender algo: el gobierno no actúa por capricho, sino por necesidad.

El país exige movilidad. Exige soluciones. Y aunque nos duela, a veces esas soluciones requieren tocar zonas sensibles porque, simplemente, no hay espacio ni estructura donde hacerlo “sin molestar a nadie”.

No somos los únicos: ¿Y en el resto del mundo?

Este dilema entre conservación y desarrollo no es exclusivo de República Dominicana. En muchos países, los gobiernos se han visto obligados a tomar decisiones polémicas, enfrentando incluso fuertes protestas sociales por intervenir áreas protegidas para construir infraestructuras viales.

Brasil (2013): El gobierno enfrentó protestas masivas cuando decidió ampliar avenidas para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, afectando reservas ambientales y desplazando comunidades pobres en Río de Janeiro.

México (2020–2024): El proyecto del Tren Maya desató una ola de rechazo por atravesar zonas selváticas protegidas y afectar territorios sagrados de comunidades indígenas. Aunque el gobierno defendía el proyecto como progreso, los cuestionamientos ambientales y sociales persisten.

Kenia (2021): En Nairobi, la construcción de la Nairobi Expressway dividió en dos el Parque Nacional de la ciudad, generando protestas de ambientalistas y defensores de la fauna. A pesar de las quejas, el proyecto se ejecutó por la urgencia del tráfico urbano.

India (2022): En Mumbai, la expansión del metro metropolitano implicó talar miles de árboles en el bosque urbano Aarey, considerado un “pulmón verde”. Las protestas ciudadanas lograron frenar parcialmente el proyecto, pero el debate entre ecología y urbanismo sigue abierto.

Estados Unidos (décadas de 1960 a 1980): La expansión de autopistas urbanas en ciudades como Nueva York, Chicago y Detroit destruyó barrios afroamericanos y zonas verdes. Hoy, muchas de esas decisiones son consideradas errores históricos.

Todos estos gobiernos actuaron con un argumento común: el desarrollo no puede esperar. Pero también comparten una lección: si el desarrollo no es bien planificado desde el inicio, inevitablemente terminará enfrentándose al costo de lo que se pierde.

¿Y entonces?

La pregunta no es si queremos progreso o no. Todos lo queremos.
Tampoco se trata de atacar a quienes defienden las áreas protegidas.
La verdadera pregunta es: ¿cómo llegamos a este punto donde no hay más remedio que elegir entre conservar o resolver?

La respuesta es clara: porque no se planificó. Porque se dejó crecer la ciudad sin orden. Porque nunca se pensó en el futuro.

Lo que sí podemos exigir

1. Que las soluciones sean integrales y sostenibles.

2. Que se apliquen verdaderos estudios de impacto ambiental.

3. Que cada metro de tierra afectado, sea compensado con más áreas verdes.

4. Y, sobre todo, que el urbanismo deje de ser un parche y pase a ser una política de Estado.

Porque al final…

No es el parque el problema.
Tampoco es el túnel.
El problema es que el país creció mal. Y ahora toca resolver como se puede.

Suyo: Simplente Daniel.

danielpuerie@gmail.com
danielsantanard.com