Inicio Opinión Entre la indignación y la fortaleza: el país que resiste y avanza

Entre la indignación y la fortaleza: el país que resiste y avanza

152
0

Por Edwin DeLaCruz
danielsantanard.com

Al cerrar el año 2025 y mirar hacia el 2026, la República Dominicana se encuentra en un momento de profunda reflexión. No se trata únicamente de balances políticos, sino de hechos concretos que han puesto a prueba la confianza ciudadana y la solidez de nuestras instituciones.

Los recientes casos de corrupción, especialmente aquellos vinculados a entidades llamadas a proteger derechos esenciales como la salud, han generado una indignación legítima en la población.

El escándalo que envuelve al Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha sacado a la luz presuntas prácticas que habrían afectado directamente recursos destinados a la atención médica de millones de dominicanos.

Este hecho marca un punto que podría representar un antes y un después en la agenda pública nacional, no solo por la magnitud de las acusaciones, sino por el impacto humano que conllevan.

Cuando los recursos públicos se desvían de su propósito, no estamos ante simples irregularidades administrativas, sino frente a acciones que afectan vidas y erosionan la credibilidad del Estado.

Por ello, la reacción social ha sido contundente: el país no es indiferente cuando se toca lo más sagrado.

En medio de este panorama, destaca la postura firme del presidente Luis Abinader de no ocultar ni apañar actos de corrupción, garantizando que la justicia actúe con independencia.

Este enfoque, distinto al de administraciones anteriores, fortalece la institucionalidad democrática y envía un mensaje claro y necesario: nadie está por encima de la ley.

De manera paralela, el país continúa enfrentando el desafío persistente de la delincuencia. Aunque la Policía Nacional y otros organismos reportan avances, la criminalidad sigue afectando a numerosas comunidades, lo que exige respuestas integrales, sostenidas y centradas tanto en la prevención como en la seguridad ciudadana.

Más allá de los problemas, emerge la verdadera fortaleza de la nación: el pueblo dominicano. Un pueblo resiliente, trabajador, que sabe mantenerse de pie ante la adversidad y que aún cree en la posibilidad de un país mejor.

Nuestra historia está llena de crisis transformadas en oportunidades y de momentos difíciles que forjaron carácter.

La grandeza dominicana no se mide por la ausencia de problemas, sino por la capacidad de enfrentarlos con dignidad, fe y determinación.
Al entrar al 2026, el reto es transformar la indignación en compromiso ciudadano, en vigilancia activa y en esperanza consciente.

La República Dominicana tiene con qué avanzar: un pueblo que no se rinde y la voluntad colectiva de seguir construyendo un futuro más justo, más transparente y más humano.