Por: Daniel Santana
En República Dominicana siempre se anuncia un “gran salto” en movilidad: trenes en expansión, nuevos teleféricos, corredores más modernos, la OMSA relanzada y promesas de integración total. Pero mientras los funcionarios presentan maquetas lustrosas, las realidades que viven los usuarios siguen siendo ignoradas por los sectores que deberían garantizar un sistema funcional.
Lo digo con claridad: el sistema de transporte dominicano no falla por falta de obras, falla porque los actores que deben coordinar no se hablan entre ellos, o simplemente cada uno anda por su lado.
¿Quiénes deben responder?
Ahí está el detalle, compi.
Y aquí vamos a “etiquetar” a quienes les toca dar la cara:
OPRET – responsable del Metro y Teleférico, y aun así no existe un sistema de conexión eficiente con el resto del transporte.
OMSA – que dice estar modernizándose, pero no sincroniza horarios con el tren ni con los corredores.
INTRANT – que debería ser el cerebro regulador del transporte, pero vive apagando fuegos en vez de planificar.
Ayuntamientos del Gran Santo Domingo – que nunca han tomado en serio las paradas, las aceras, el espacio público y la movilidad pedestre.
Corredores privados del transporte – que operan bajo su lógica particular y muchas veces no se integran al sistema unificado.
Ministerio de Obras Públicas – que construye vías sin una visión de movilidad integral.
El sector choferil y sindical – que ha frenado durante décadas cualquier avance que afecte sus intereses.
Todos estos sectores, instituciones y actores —unos públicos, otros privados— hablan de modernidad, pero ninguno quiere asumir la responsabilidad completa de conectar el sistema.
¿Y los medios?
Aquí también hay que decirlo:
Muchos medios tradicionales replican los anuncios oficiales, pero no investigan la experiencia del pasajero, ni cuestionan por qué un sistema “moderno” obliga a una persona a caminar 30 minutos entre rutas.
Los programas de televisión matutinos, las emisoras de radio, y los portales digitales que viven del publirreportaje gubernamental prefieren hablar de inauguraciones, no de fallos.
Mientras tanto, medios más independientes y periodistas de calle sí recogen las quejas, pero su voz queda sepultada entre intereses y contratos de publicidad estatal.
El problema no es falta de infraestructura: es falta de coordinación
Las entidades tienen que entender que la modernidad no es inaugurar, sino integrar:
Horarios conectados entre OMSA, Metro, Teleférico y corredores.
Tarjeta única para todo.
Paradas dignas y señalizadas.
Información al usuario.
Centros de transferencia reales, no de nombre.
Mantenimiento preventivo, no correctivo.
Prioridad al pasajero, no al político.
Mientras esto no exista, seguiremos viviendo de anuncios.
Y eso, compi, es lo que a muchos no les gusta que uno diga.
Conclusión:
La República Dominicana tiene obras, sí.
Pero aún no tiene un sistema de transporte.
Tiene piezas brillantes, pero no un engranaje.
Y hasta que los sectores involucrados —OPRET, OMSA, INTRANT, corredores privados, Obras Públicas, Ayuntamientos y medios de comunicación— no decidan trabajar juntos, seguiremos atrapados entre caos y discursos.
La movilidad moderna no se maqueta: se construye con seriedad.
Daniel Santana







